Habitando el enigma

Publicado el 6 de Diciembre, 2005, 15:13

En el templo del infinito, todas las posibilidades se derraman también frente a la aguja del intelecto. El trabajo inútil de filósofo ciego es coser con su propio cuerpo los centelleos de la vida. Y al diseñador de indumentaria le digo: Nuestro cuerpo no quiere saber de telas, piel muerta de texturas fijas; quiere sólo vivir la piel que es vida, única vestimenta auténtica y abierta al origen. Es que la piel recibe las huellas del tiempo y del trabajo en la vida; y mientras la ropa se pasea anónima por los cuerpos, la piel queda y se transforma. Pero la tela debe ser un proyección de la propia piel, su amiga, no su enemiga portátil. Se hace ropa desde la relación que se tiene con el cuerpo propio y con la dignidad del ojo que no olvida ver lo invisible. Sí, la desnudez imposibilita el simulacro; pero ante la desnudez del cuerpo el ojo se desampara. El público teme la desnudez, por ello la piel se vuelve órgano de la intimidad...

La imagen es el remedio-veneno que detiene las apariencias desprolijas con que la vida se desviste de disfraces. ¡La vida, este accidente humano que para habitarlo nos exige desnudez y honestidad profunda! Por eso toda indumentaria debe ser una continuación de la vida, no un ocultamiento, no un simulacro, no un debilidad existencial que ilusiona aparentar lo que no es. Desde esta perspectiva hablo yo a mis oyentes.

30 de Noviembre de 2005

Por Lisandro, en: Diseño